Resurrección He venido a verte, Suna. Cuánto eres tú aquí, niña. Vienes de los cuatro puntos cardinales con tu sonrisa cuando voy caminando solitario por la calle Chong-ro. Te he echado de menos cada vez que cantaba algún gallo en el alba. ¿Me has oído llamarte? Oh, Suna, cuántos siglos hace ya que no te veo. Aquel día, en que te fuiste en ataúd de flores más allá de la montaña, no quedó en mis ojos más que el cielo vacío, en mis manos, ni una cabellera para acariciar. Y cómo llovía... Tras la vela, fui abriendo la puerta de piedra donde cantaban los búhos y encontré un río de miles de millas... Y cómo pudiste volver, o en qué arco iris bajaste desde tu escondido domicilio, desde donde ni siquiera pudiste escribirme. En los cuatro caminos de la calle Chong-ro un mar de nieblas, o un mar de niños y niñas vienen charlando en el sol. Y entre estas niñas de diecinueve o veinte años ¡oh, por fin regresas en sus ojos, en su sangre, en su corazón Suna, Suna, Suna. Oh, cómo te veo venir y h...