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Mostrando las entradas con la etiqueta So Chung-Ju

Poema Coreano: Ligeramente

Ligeramente Amada, me he decidido a no acudir a nuestra cita; en cambio, a la mitad del camino he de hacer novillos o divagar un poco. En vez de ti pensaré ligeramente en la hierba. No sé si esto sea construir un convento entre tú y yo, sin embargo he de hacerme ya el distraído y construir levemente un templo de hierbas. Autor: So Chung-Ju

Poema Coreano: Mi amada duerme

     Mi amada duerme     Mi amada     está dormida     y yo me convierto en cigüeña que vuela     como la de su blanca almohada con bordados.     Las joyas carmesíes     se hunden una por una en el fondo del mar de     sueños     y experimento siempre una sensación de     despedida     cada vez que cae una y otra joya en el mar.     Mi amada se duerme     y me deja un anillo de oro fino     cuyo círculo delgado     cubre todo mi cielo.     Sin embargo, yo tengo que volver     al círculo dorado del almohadón     que sostiene el sueño de mi amada.     Y vuelvo a sentir que estoy despidiéndome. Autor: So Chung-Ju Fuente: latarea.com.mx

Poema Coreano: Este corazón amante

Este corazón amante Este corazón amante ya ha perdido las palabras en el silencio y vive allá en el cielo sin nubes. Y baja a veces por la escalera del arco iris a descansar en la nube. O se esconde en las gotas de la lluvia para descender sobre las margaritas; florecen y se mecen suaves. Cuando se marchitan las margaritas vuelve volando a la nube y sube por la escalera del arco iris al sol para vivir de nuevo en el cielo sin nubes. Autor: So Chung-Ju Fuente: .latarea.com.mx

Poema Coreano: Resurrección

Resurrección He venido a verte, Suna. Cuánto eres tú aquí, niña. Vienes de los cuatro puntos cardinales con tu sonrisa cuando voy caminando solitario por la calle Chong-ro. Te he echado de menos cada vez que cantaba algún gallo en el alba. ¿Me has oído llamarte? Oh, Suna, cuántos siglos hace ya que no te veo. Aquel día, en que te fuiste en ataúd de flores más allá de la montaña, no quedó en mis ojos más que el cielo vacío, en mis manos, ni una cabellera para acariciar. Y cómo llovía... Tras la vela, fui abriendo la puerta de piedra donde cantaban los búhos y encontré un río de miles de millas... Y cómo pudiste volver, o en qué arco iris bajaste desde tu escondido domicilio, desde donde ni siquiera pudiste escribirme. En los cuatro caminos de la calle Chong-ro un mar de nieblas, o un mar de niños y niñas vienen charlando en el sol. Y entre estas niñas de diecinueve o veinte años ¡oh, por fin regresas en sus ojos, en su sangre, en su corazón Suna, Suna, Suna. Oh, cómo te veo venir y h...