lunes, 29 de agosto de 2011

Agradecimiento de la serpiente – Bem Ui Bo Eun

Había una vez un niño de familia noble que hacía sus primeras letras en la casa de su maestro junto a otros muchos niños. Un día vio que sus compañeros hostigaban a una serpiente tirándole piedras. El pobre reptil se retorcía de dolor y sus ojos miraban a uno y otro lado en busca de piedad. Compadecido, el niño dispersó a los niños y llevó la serpiente herida a la orilla del río. Al tomar contacto con el agua fría, la víbora se recuperó y se alejó nadando velozmente. Pasaron los años y el niño se convirtió en un joven apuesto y varonil. Sus padres le escogieron una buena muchacha como esposa y el joven se aprestó para la boda. La noche anterior al enlace soñó que se le aparecía una serpiente gruesa y fuerte que le decía: “Hace muchos años atrás tú me salvaste de la muerte. Ha llegado el momento de que retribuya tu generosidad. En la noche de bodas se derramará aceite sobre tu cabeza. No te lo limpies de ninguna manera.” El joven se despertó muy intrigado por el extraño sueño que había tenido y en todo el día no pudo olvidar la advertencia. La boda se llevó a cabo sin incidentes en la casa de la novia, como era la costumbre antiguamente; pero tal como lo había predicho la serpiente en el sueño, cuando estaba por acostarse en el lecho con su mujer, empujó sin querer la lámpara de aceite y su contenido se derramó sobre su cabeza. Recordando el sueño, el joven dejó que el aceite impregnara sus cabellos y no se lo limpió. Cumplida la unión nupcial, el joven se durmió profundamente. Soñó que un hombre fornido y alto como un poste descorría violentamente la puerta de la habitación. Tenía en sus manos un hacha afilada que brillaba a la luz de la luna. Sin dudarlo, se acercó a él que dormía profundamente y puso una mano sobre su cabeza. Al sentir el aceite que impregnaba sus cabellos, dirigió el hacha hacia su esposa que dormía junto a él y le asestó un golpe terrible, diciendo en voz alta: “Te mereces esto y mucho más, ¡ladrón de mujeres!” Antes de que pudiera siquiera despertar de su profundo sueño, el hombre salió corriendo y escapó velozmente. El joven pudo entonces abrir los ojos y la visión de lo sucedido lo dejó completamente helado. Su flamante esposa tenía una profunda herida en su cuello y su sangre teñía de rojo todo el lecho. Aterrorizado, el joven comenzó a dar voces y despertó a todo el mundo. Cuando los familiares de la novia vieron las manos ensangretadas del recién casado y escucharon sus extrañas palabras diciendo que un hombre había matado a su mujer confundiéndolo con él, comenzaron a murmurar y a sospechar de él. El joven fue finalmente conducido a la cárcel y, como no había ningún indicio que probara que no había matado a su mujer, el juez y gobernador de la región ordenó que fuera ejecutado en el término de tres días.

En el día en que se iba a cumplir la sentencia, el gobernador tuvo un sueño muy extraño. Soñó que se le acercaba una serpiente y dejaba antes sus pies una hoja de sauce con un orificio en el centro. El sueño le pareció tan extraño que decidió suspender la ejecución, que se iba a cumplir a primera hora del día. En su lugar, mandó llamar al adivino más prominente del país y le pidió que aclarara el significado del sueño. El adivino, sin dudarlo, manifestó que el verdadero asesino de la novia era un hombre llamado Yoo Hyeob-hwan, que en la escritura china significa literalmente “hoja de sauce con un agujero”. El gobernador ordenó entonces que buscaran en todos los rincones de la comarca a un hombre que tuviera ese nombre. Cuando lo encontraron, descubrieron asombrados que se trataba de un monje que servía en el templo al que solía asistir la familia de la novia. Además, su aspecto coincidía exactamente con la descripción del hombre que el joven había visto en sus sueños. Cuando lo torturaron para que confesara la verdad, el monje admitió que había ido a la casa para matar al joven que había tomado a su amante como esposa, pero que confundiéndolo con ella por tener el pelo aceitoso como suelen llevarlo las mujeres, le había asestado equivocadamente un golpe de hacha a su querida. Gracias a esta confesión, el joven pudo salir libre y su nombre quedó limpio de todo crimen.

La moraleja que nos deja esta historia, como muchas otras de su clase, es que los animales, aún los más repulsivos, merecen el respeto y la consideración de los seres humanos, pues, según la creencia popular, ellos son capaces de devolver con creces el trato, bueno o malo, que reciben. En este caso, la serpiente rescatada por el joven agradece este buen acto salvando la vida de su benefactor en dos ocasiones: la primera, en su noche de bodas y la segunda, en el día del cumplimiento de su ejecución.

 Fuente KBS WORLD
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