viernes, 29 de julio de 2011

Cuento de Kong Jui y Pat Jui – Kong Jui Pat Jui

Había una vez una jovencita muy dulce y buena llamada Kong Jui. Había perdido a su madre cuando era pequeña, pero vivía feliz junto a su padre. Cuando Kong Jui cumplió catorce años, sintiéndose viejo y cansado, el padre volvió a contraer matrimonio para que su hija no se quedara sola cuando él muriera. La madrastra, que tenía una hija de la edad de Kong Jui llamada Pat Jui, aunque aparentaba ser buena con su hija adoptiva delante de su marido, mortificaba a Kong Jui de muchas maneras. Un día la madrastra mandó a las dos hijas a trabajar la tierra. A su hija verdadera le dio un azadón de hierro y la mandó a arar un campo de arena. A su hija adoptiva, en cambio, le dio un azadón de madera y le ordenó que arara un campo virgen y lleno de piedras. El objetivo era poder tener un pretexto para regañar a Kong Jui. En efecto, al poco tiempo de comenzar el trabajo, el azadón de madera de Kong Jui se hizo astillas contra las piedras. La niña comenzó a llorar desconsoladamente porque estaba segura que su madrastra la castigaría severamente. Una vaca negra que pastaba en los alrededores se acercó a ella y al enterarse de lo que le ocurría, se ofreció a ararle la tierra. No sólo terminó en un santiamén toda la tarea sino que hasta le regaló a Kong Jui una canasta llena de frescas manzanas. Kong Jui volvió muy contenta a su casa y le mostró el presente a su madrastra. Sin embargo, en lugar de alegrarse, ésta aprovechó la ocasión para acusarla de haber robado las manzanas. Y no sólo se quedó con toda la canasta sino que la mandó a dormir sin probar bocado.

Poco tiempo después murió el padre y Kong Jui se quedó sola y a merced de su malvada madrastra. Un día hubo una gran fiesta en la aldea. Desde muy temprano por la mañana, la madrastra y Pat Jui se engalanaron con sus mejores ropas para ir al banquete. Mientras se apresuraba a salir, la madrastra le dio a su hijastra una serie de instrucciones: “Si quieres ir a la fiesta, llena primero ese cántaro con agua, desgrana el arroz que hay en esos fardos y termina de tejer la tela que está en el telar.” Obedeciendo a su madrastra, Kong Jui comenzó a llenar la tinaja con agua traída del pozo, pero el recipiente estaba roto y el agua se escapaba a borbotones por el hueco. Apareció entonces un sapo enorme que se ofreció a tapar el agujero. De este modo, Kong Jui logró llenar el cántaro hasta los bordes. Cuando se puso a desgranar el arroz, era tal la cantidad de granos que había que no pudo evitar lanzar un suspiro de frustración. En ese instante, una espesa bandada de pájaros bajó a ayudarla y las aves desgranaron todo el arroz en un abrir y cerrar de ojos. Finalmente, cuando llegó al telar, se encontró con un hada que le ofrecía un vestido nuevo y un hermoso par de zapatos de seda y le decía: “Ponte estas ropas y ve a la fiesta, que yo terminaré de tejer la tela”. Kong Jui le dio las gracias y partió muy alegre.

Cuando Kong Jui estaba cruzando el puente para dirigirse a la aldea, pasó el séquito del gobernador. Se asustó tanto por el estrépito de la procesión que perdió uno de sus preciosos zapatos en el río. Este zapato fue recogido del agua por el gobernador, quien mandó que buscaran a su dueña. Cuando Kong Jui fue llevada a su presencia, el gobernador, que era un joven apuesto, se enamoró de Kong Jui y le pidió la mano. Al enterarse, su madrastra y su hermanastra quisieron morirse de la envidia. El día de la boda, Pat Jui llevó a Kong Jui a la orilla del lago y simulando un accidente la tiró al agua. Segura de que Kong Jui se había ahogado, Pat Jui quiso suplantarla en la boda, pero el gobernador se dio cuenta del engaño y le arrancó la confesión de lo ocurrido. Cuando Pat Jui estaba a punto de ser ejecutada, apareció Kong Jui, que se había salvado milagrosamente de la muerte, y le pidió a su futuro marido que tuviera piedad de su hermanastra. La boda se llevó a cabo por fin y Kong Jui perdonó a su madrastra y a Pat Jui, a quienes llevó a morar al palacio del gobernador.

Como habrán podido comprobar, la historia es muy similar a la Cenicienta, salvo en las mortificaciones que la malvada madrastra somete a su hija adoptiva, que son propias del ambiente rural en donde transcurre el cuento coreano. Hay que añadir, por otro lado, que la versión que le hemos contado es la adaptación infantil de la historia. En realidad, el final de la versión original es mucho más trágico y cruento, ya que Kong Jui se muere ahogada en el lago y el gobernador castiga a Pat Jui ordenando que sea descuartizada y enviada en una caja a su madre, que queda así más que castigada por todas sus maldades.

Fuente KBS WORLD
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