Había una vez un niño de familia noble que hacía sus primeras letras en la casa de su maestro junto a otros muchos niños. Un día vio que sus compañeros hostigaban a una serpiente tirándole piedras. El pobre reptil se retorcía de dolor y sus ojos miraban a uno y otro lado en busca de piedad. Compadecido, el niño dispersó a los niños y llevó la serpiente herida a la orilla del río. Al tomar contacto con el agua fría, la víbora se recuperó y se alejó nadando velozmente. Pasaron los años y el niño se convirtió en un joven apuesto y varonil. Sus padres le escogieron una buena muchacha como esposa y el joven se aprestó para la boda. La noche anterior al enlace soñó que se le aparecía una serpiente gruesa y fuerte que le decía: “Hace muchos años atrás tú me salvaste de la muerte. Ha llegado el momento de que retribuya tu generosidad. En la noche de bodas se derramará aceite sobre tu cabeza. No te lo limpies de ninguna manera.” El joven se despertó muy intrigado por el extraño sue...
"Las palabras no tienen alas pero pueden volar mil kilometros"