Había una vez un joven llamado Seongun, que era hijo de una acomodada familia noble. Un día que estaba estudiando hasta tarde, se quedó dormido y en sueños vio una muchacha celestial de extraordinaria belleza que descendía del cielo sobre una gran nube blanca. Quiso dirigirle la palabra, pero ella desapareció entre las nieblas y él no tuvo más remedio que despertar. Aunque todo había sido un sueño, Seongun se había quedado profundamente enamorado de la muchacha y no podía olvidarla. Su deseo de volverla a ver era tan fuerte que volvió a soñar con ella unos días después. En esta ocasión la muchacha le confesaba que ella también compartía su amor por él, pero que su padre, el señor de los cielos, le impedía bajar a la tierra y unirse a él. Seongun despertó de este sueño profundamente emocionado, pero no se contentó con saber que ella también lo quería. Deseaba tan intensamente tenerla a su lado que no hacía otra cosa que pensar en ella. como su esposa que cayó enfermo preso...
"Las palabras no tienen alas pero pueden volar mil kilometros"