Había una vez en los tiempos de Shilla, una joven llamada Ji-eun que vivía con sus padres en Gyeongju, la ciudad capital del reino. Desde pequeña demostró ser una hija abnegada y solícita, por lo que sus padres estaban muy orgullosos de ella y jamás lamentaron no poseer un hijo varón. Sin embargo, la desgracia quiso que el padre muriera cuando ella era aún una jovencita y que la madre enfermara a resultas del golpe sufrido. Ji-eun se encontró pues sola para mantener la casa y a su madre. A pesar de que trabajaba de sol a sol, la pobreza de las dos mujeres iba cada vez más en aumento. Sus pocas fuerzas no podían mantener la casa, por lo que tuvieron ir vendiendo poco a poco lo poco que tenían, llegando incluso a perder la pequeña casa en donde vivían. Pasó el tiempo sin esperanzas de mejores días y Ji-eun había cumplido ya los treinta y dos años. La madre, que veía que su hija envejecía sola y que no había manera de casarla puesto que no tenía dote, se achacaba toda la cul...
"Las palabras no tienen alas pero pueden volar mil kilometros"