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Mostrando las entradas con la etiqueta Cuentos y Leyendas

La leyenda de la torre Seoka – Seoka Tap Seokong Seolhwa

Frente al santuario principal del templo Bulguk, en Gyeongju, la milenaria capital del reino de Shilla, se alzan una al lado de la otra dos torres de piedra muy bellas, pero de lo más dispares. Son la torre Dabo, que se caracteriza por su diseño refinado, adornado y preciosista, y la torre Seoka, que es, en cambio, pura sencillez, equilibrio y majestuosidad. Siendo tan diferentes, ambas fueron erigidas por un mismo artista a mediados del siglo VIII. La torre de Seoka es conocida también como la “torre sin sombra”, debido a una famosa leyenda que se cuenta sobre su construcción. Según la leyenda, ambas torres fueron labradas por un artista originario de Baekje llamado Asadal. Gracias al extraordinario talento para trabajar la piedra que poseía, se le encargó la construcción de las dos torres principales del templo Bulguk. Asadal se entregó en cuerpo y alma a su arte y al cabo de algunos años, terminó la torre de Dabo, que despertó la admiración de todo el mundo por su ext...

El fantasma de Danjong – Dangyong Ui Jon Ryong

El rey de la dinastía Joseon cuyo destino despertó la mayor compasión y tristeza de su pueblo fue Danjong, nieto del célebre rey Sejong, el creador del hangul, la escritura coreana. Danjong asumió el trono en 1452, cuando aún era sólo un niño de once años, debido a la súbita muerte de su padre. Sus pocos años y su inexperiencia lo convirtieron en una víctima fácil de las ambiciones de poder de su tío, quien lo obligó a abdicar en su favor al poco tiempo. El nuevo rey asumió con el nombre de Sejo y lo primero que hizo fue desterrar a su joven sobrino a Yeongwol, un paraje de dificilísimo acceso en la provincia de Gangwon. Allí Danjong vivió cerca de dos años en la más completa soledad, separado incluso de su esposa, hasta que su tío el rey le envió veneno con la orden de suicidarse. De esta manera trágica y triste se cerró la vida de Danjong, a la jovencísima edad de dieciséis años. No es de extrañar que el pueblo tejiera alrededor de él toda clase de historias y leyendas....

Las orejas de burro del rey – Im Gum Nim Gui Neun Dang Na Gui Gui

Había una vez en el reino de Shilla un rey llamado Gyeongmun. Al poco tiempo de ascender al trono, le comenzaron a crecer inusitadamente las orejas, las cuales llegaron a tener un tamaño más que considerable. No sabiendo a qué se debía este cambio drástico en su fisonomía, no quiso contárselo a nadie. Tampoco se enteró nadie, ni siquiera la reina o las concubinas, pues el rey, como correspondía a su majestad, siempre llevaba la cabeza cubierta, o bien con la corona o bien con un gorro alto. El único que llegó a saberlo fue el sombrerero real, a quien el rey amenazó con cortarle el cuello si llegaba a divulgar semejante infortunio fisiológico del monarca. El sombrerero era un hombre simple y dicharachero que gustaba de la compañía de amigos y conocidos. Además, ya sabemos lo difícil que es guardar un secreto, sobre todo si nos hacen jurar y rejurar que no se lo diremos a nadie. Al sombrerero le cosquilleaba tanto la boca por las ganas insoportables que sentía de contarle ...

El gran amor de Yigui – Yi gui Seol Hwa

En los tiempos de la dinastía Shilla, entre los años 632 y 647, reinó una reina mujer. Su nombre de monarca era Seondeok y, además de sabia y generosa, poseía un rostro de gran belleza. Cuando la procesión que llevaba a la reina atravesaba las calles de Seorabal en alguna de sus salidas, todo el mundo salía de sus casas para aclamarla y poder contemplar de alguna manera su legendaria hermosura. Un día aconteció que un joven llamado Yigui, que visitaba por primera vez la capital del reino, tuvo la oportunidad de ver desde cerca a la reina Seondeok, que pasaba por la calle principal transportada en una silla de oro y escoltada por una magnífica procesión. Desde ese instante el joven se sintió atravesado por un profundo e irremediable amor por la reina. El sentimiento, incontrolable, fue creciendo y creciendo, y ante la conciencia de ser imposible e irrealizable, el joven se sumió en un estado de completa locura. Olvidado de volver a su pueblo de origen, vagaba por las calle...

Príncipe-árbol / Mok Do Ryong Seol Hwa

Había una vez un árbol de tronco grueso y recto que sobresalía en altura y porte entre todos los de su especie. En su interior habitaba el espíritu de la tierra. Bajo sus ramas frondosas, vivía un hada que había bajado del cielo y se había enamorado de este bello árbol. De la unión de estos seres que representaban el cielo y la tierra, nació un niño de hermosos rasgos y clara inteligencia. Cuando el príncipe-árbol cumplió siete años, su madre, el hada celestial, retornó al cielo, su hogar. Un cataclismo sacudió entonces el mundo entero y llovió sin descanso durante varias meses. La superficie de la tierra fue cubierta por las aguas y sólo era posible divisar un mar sin fin en el horizonte. Las lluvias fueron tan fuertes que los árboles fueron arrancados de cuajo. El príncipe-árbol se subió entonces sobre el grueso tronco de su padre y ambos comenzaron a flotar a la deriva por el ancho mar. Un día encontraron un ejército de hormigas flotando peligrosamente sobre una hoja q...

Leyenda de la buena hija Ji-eun – Ji Eun Seol Hwa

Había una vez en los tiempos de Shilla, una joven llamada Ji-eun que vivía con sus padres en Gyeongju, la ciudad capital del reino. Desde pequeña demostró ser una hija abnegada y solícita, por lo que sus padres estaban muy orgullosos de ella y jamás lamentaron no poseer un hijo varón. Sin embargo, la desgracia quiso que el padre muriera cuando ella era aún una jovencita y que la madre enfermara a resultas del golpe sufrido. Ji-eun se encontró pues sola para mantener la casa y a su madre. A pesar de que trabajaba de sol a sol, la pobreza de las dos mujeres iba cada vez más en aumento. Sus pocas fuerzas no podían mantener la casa, por lo que tuvieron ir vendiendo poco a poco lo poco que tenían, llegando incluso a perder la pequeña casa en donde vivían. Pasó el tiempo sin esperanzas de mejores días y Ji-eun había cumplido ya los treinta y dos años. La madre, que veía que su hija envejecía sola y que no había manera de casarla puesto que no tenía dote, se achacaba toda la cul...

La taberna de Namdemun – Namdemun Yumak

Había una vez un comerciante de licores que abrió una pequeña taberna frente a la puerta de Namdemun. El primer día se levantó tempranísimo, preparó una buenísima sopa para la resaca y, cuando tocaron los treinta y tres tañidos de tambor que anunciaban el fin del toque de queda, colgó una linterna en la puerta de entrada. Al poco rato entró un hombre vestido de luto que venía de un velorio. Se sentó en una mesa y pidió una sopa y una jarra de licor, que acabó en un santiamén. Volvió a repetir el pedido y el licorero lo satisfizo prestamente. Después de tomarse la tercera ronda, llamó al tabernero y le dijo que en ese momento no llevaba un solo centavo y que le pagaría otro día. El tabernero, en lugar de enfadarse, se encogió de hombros y lo dejó marcharse. Aunque era el día de la inauguración, el local no dejó un solo momento de estar lleno de gente en todo el día. Al día siguiente temprano, el licorero comenzó su jornada de la misma manera que el día anterior. Preparó un...

La buceadora y el demonio de las enfermedades – Jeju Jaenyo Iyagui

El viento sopla en la isla Jeju todo el año por los cuatro puntos cardinales. Es un viento cambiante y de bastante intensidad, a veces fresco, otras veces molesto, pero también destructivo en algunas ocasiones. Según cuentan, la isla Jeju era el lugar preferido del demonio de las enfermedades porque podía montarse en el viento y viajar por todos los rincones, llevando a todas partes sus soldados de la muerte. Por esta razón, cuando comenzaba a soplar un viento fuera de lo corriente, los isleños se apresuraban a ofrendarle al demonio de las enfermedades una mesa llena de abundantes y exquisitos alimentos con la esperanza de que, una vez satisfecho su voraz apetito, se fuera lejos de la isla y los dejara en paz. Sin embargo, aunque le daban todo el fruto de su trabajo, el demonio de las enfermedades siempre exigía más y más. Y cuando no se sentía satisfecho con lo que le ofrecían, sembraba el dolor y la tragedia con epidemias crueles y espantosas que diezmaban la población....

Historia de la princesa Paritegui – Paritegui Gong Yu

Había una vez hace mucho pero mucho tiempo atrás, un antiquísimo reino en la península coreana. Su rey era un hombre justo, cuyo único defecto era que aún no tenía una reina a su lado. Deseoso de casarse y engendrar un sucesor, lo consultó con el adivino de la corte. Éste le predijo que de contraer matrimonio ese mismo año, nacerían siete princesas; mientras que si esperaba al año próximo, tendría tres hijos varones. Como el rey deseaba tener descendencia pronto, no le dio importancia al augurio y se casó ese mismo año. Como lo había predicho el adivino, durante seis años consecutivos sólo nacieron niñas. En el séptimo año, la reina soñó con un par de dragones enroscados en una de las vigas del palacio. El rey se puso muy contento, pues ese sueño no podía significar otra cosa que el nacimiento del sucesor. Sin embargo, al cabo del embarazo, la reina tuvo a otra niña. Furioso, el rey ordenó que la recién nacida fuera llevada lejos de su presencia. Los súbditos la encerraro...

Kim Hyeon y la tigresa – Kim Hyeon Gam Ho

En los tiempos de Shilla había una costumbre muy peculiar. Desde el primero hasta el quince de febrero del mes lunar, los jóvenes de Seúl iban al templo Heungnyun y daban varias vueltas rezando alrededor de una torre de varios pisos que tenía fama de cumplir los deseos de las personas. Un día acontenció que se encontraron en este lugar el joven noble Kim Hyeon y una desconocida y bella muchacha. En el placer de mirarse a hurtadillas, ninguno de los dos pensaba en marcharse. La atracción fructificó en amor y los jóvenes pasaron juntos la noche en el bosque. La claridad del día interrumpió sus goces y la pareja no tuvo más remedio que despedirse. Sin embargo, Kim Hyeon no se resignó a dejarla marchar y la siguió hasta su casa. La muchacha se internó aún más profundamente en las espesuras del bosque hasta llegar a una pequeña choza. Allí salió a recibirla una anciana encorvada que debía tener al menos cien años. La mujer alzó la cabeza y olió el aire. Algo raro debió percib...

El yerno sapo – Dukeobi Sawi

Había una vez un pescador anciano que vivía a la orilla del mar junto a su mujer. Eran muy pobres, y como el anciano no estaba en edad de salir a altamar, la pareja se mantenía como podía de lo poco que él pescaba sobre un bote no muy lejos de la costa. Una vez aconteció que por tres días consecutivos no obtuvo un mísero pez. El cuarto día fue igual, pero cuando estaba por ocultarse el sol, mordió el anzuelo un sapo enorme y lleno de verrugas. Estuvo a punto de volver a tirarlo al agua, pero el animal lo miraba con tanta tristeza que le dio pena y lo llevó a su casa. Esa noche, para sorpresa de él y su mujer, el sapo habló y dijo lo siguiente: “Tráteme como a un hijo y les traeré mucha fortuna.” En efecto, a partir de ese día, el anciano volvía del mar con el bote cargado de peces hasta más no poder. Pasó el tiempo y un día el sapo les salió con esta ocurrencia: “Quiero casarme con la hija menor del hombre más rico de la comarca, padre. Ve a él y dile que me tome como yern...

Cómo un villano se convirtió en un noble – Ssangnom I Yangban Doeda

Había una vez un hombre que vivía en un pueblo del interior y se había hecho muy rico vendiendo sal. Poseía la mejor casa del pueblo y grandes extensions de tierra y había educado muy bien a sus hijos, pero en el fondo los lugareños lo despreciaban por su origen humilde. Cansado del menosprecio de que era objeto, quiso suicidarse. Su hijo mayor, que era un joven apuesto e inteligente, se lo impidió y le prometió que iría a Seúl, en donde encontraría la manera de convertirse en un noble, de modo que ya nadie pudiera burlarse de ellos. El padre le dio a su hijo un saco lleno de monedas de oro y le dijo que no escatimara en gastos para conseguirlo. Una vez que el joven llegó a Seúl, se compró ricas vestiduras de seda y comenzó a gastar gran cantidad de dinero en las posadas y lugares de recreo. Pronto comenzó a correr la voz de que un joven y rico noble había venido de un pueblo del interior y los jóvenes nobles de Seúl comenzaron a buscar su compañía. Como el hijo del vende...

Con una braza de cuerda – Sequi Jan Balo

Había una vez una viuda que vivía con su hijo, pero éste no era más que un holgazán sin remedio. Por pereza se quedaba tumbado todo el día en su cuarto, comía acostado sobre su colcha y hacía sus necesidades en un orinal junto a la puerta. Su madre había intentado de mil maneras incentivar a su hijo a que trabajara, primero con buenas palabras y luego a los golpes, pero nada había funcionado. Un buen día, la pobre mujer se cansó y lo echó a gritos de la casa. El muchacho, sin inmutarse, le pidió a su madre que le trajera un manojo de paja. La mujer, intrigada, se lo trajo y entonces vio con sorpresa que su hijo se ponía a tejer una cuerda. Decidió darle una oportunidad y lo dejó hacer, mientras ella iba a trabajar al arrozal. Cuando volvió, descubrió que el muchacho había tejido sólo una braza de cuerda en todo el santo día. Furiosa hasta las narices, volvió a echar a su hijo de la casa y le amenazó del siguiente modo: “¡No vuelvas hasta que te hayas convertido en un homb...

El deshollinador y su chaquetón de seda

Había una vez una viuda que vivía pobremente junto a su hijo. Con el paso del tiempo, el muchacho se convirtió en un joven robusto y apuesto. Ya que había alcanzado la edad adecuada para contraer matrimonio, la viuda se puso a buscarle una esposa discreta y hacendosa, pero nadie en la comarca estaba dispuesto a entregar a su hija a una mujer pobre y viuda como ella. Viendo que no encontraría esposa en su pueblo natal, el joven decidió partir lejos, a un lugar donde nadie lo conociera. Antes de salir, el joven le pidió a su madre que le cosiera un chaquetón de seda ricamente bordado, como los que usaban los jóvenes nobles y ricos. La mujer protestó un poco al principio porque significaba gastar todos los ahorros que tenían, pero viendo a su hijo tan seguro de sí mismo, hizo lo que le había pedido. Cuando la prenda de seda estuvo lista, el joven la guardó en su morral y partió hacia rumbo desconocido. Después de andar leguas y leguas, llegó a un pueblo bastante grande y se ...

Una muchacha habilidosa – Chechu Manun Cheo-nyo

Había una vez una muchacha que tenía la extraña habilidad de tejer nada menos que tres rollos de tela de ramio en una sola mañana. Cuando la joven alcanzó edad de casarse, sus padres se pusieron contentos pensando que podría elegir un buen partido, por eso les pareció una excelente idea la condición que puso su hija para elegir al candidato. Para ser digno de ella, su futuro marido debía tener una habilidad fuera de lo común, cualquiera que fuese. Como no era fácil tener un talento a su altura, fueron pasando los años sin que ninguno de la comarca requiriera su mano. Los padres de la muchacha se inquietaron y decidieron publicar anuncios en los poblados principales de toda la provincia. Un día apareció un joven proveniente de un pueblo lejano que aseguró que podía construir una casa en menos de veinticuatro horas. En efecto, por la mañana fue al monte a cortar y alisar troncos de árboles, por la tarde levantó los muros de ladrillos, y por la noche subió las tejas del tech...

Meokdori y la cuesta de la zorra – Meokdori Ua Yeo-u Gogue

Había una vez en las inmediaciones de una aldea una cuesta cuya sola mención despertaba el terror de todos. Se llamaba la “Cuesta de la zorra”, pues decían que en ese sitio una zorra de nueve colas esperaba a los aldeanos que la transitaban para engañarlos y llevarlos a la muerte. En lo posible nadie cruzaba solo la cuesta y menos de noche. Sin embargo, un día un noble de mediana edad no tuvo más remedio que ponerse en camino por la cuesta al anochecer, pues tenía asuntos urgentes que resolver en una aldea vecina. No era muy tarde, pero sería porque estaba lloviendo, pues el cielo se había oscurecido y apenas podía ver unos metros adelante. Caminó y caminó durante un tiempo que le pareció una eternidad. Ya era tiempo de que se vieran las luces de la aldea a donde se dirigía, pero la negrura más absoluta lo rodeaba por todas partes. Decidió descansar unos minutos para reponerse del cansancio y entonces escuchó unos suaves pasos que venían detrás de él. De la oscuridad surg...

Agradecimiento de la serpiente – Bem Ui Bo Eun

Había una vez un niño de familia noble que hacía sus primeras letras en la casa de su maestro junto a otros muchos niños. Un día vio que sus compañeros hostigaban a una serpiente tirándole piedras. El pobre reptil se retorcía de dolor y sus ojos miraban a uno y otro lado en busca de piedad. Compadecido, el niño dispersó a los niños y llevó la serpiente herida a la orilla del río. Al tomar contacto con el agua fría, la víbora se recuperó y se alejó nadando velozmente. Pasaron los años y el niño se convirtió en un joven apuesto y varonil. Sus padres le escogieron una buena muchacha como esposa y el joven se aprestó para la boda. La noche anterior al enlace soñó que se le aparecía una serpiente gruesa y fuerte que le decía: “Hace muchos años atrás tú me salvaste de la muerte. Ha llegado el momento de que retribuya tu generosidad. En la noche de bodas se derramará aceite sobre tu cabeza. No te lo limpies de ninguna manera.” El joven se despertó muy intrigado por el extraño sue...

El león y la liebre – Saya Ua Santoki

Había una vez un león muy grande y muy feroz que tenía aterrorizados a todos los animales que vivían en el monte. Era tan temido que no se atrevían a desafiarle ni siquiera los tigres. No sólo cazaba para comer sino que despedazaba a cualquier animal que veía, fuera grande o pequeño, sólo para demostrar la fuerza de sus afilados colmillos. Los otros animales del monte vivían tan atemorizados que no se atrevían a salir de sus escondites y madrigueras. Un día, hartos de la situación de terror, se reunieron en una asamblea secreta para buscar la manera de solucionar el problema. Lo más fácil era deshacerse del león, pero nadie estaba dispuesto a tanto heroísmo, porque, además si fallaban, era seguro que el león los mataría a todos de la manera más cruel. Después de mucho deliberar, llegaron a la conclusión de que la única manera de aplacar la ferocidad del león y vivir medianamente tranquilos era enviándole diariamente un animal para saciar su hambre, bajo la condición de qu...

La esposa que descendió del cielo – Ha Nul Eseo Naeryo-on Ane

Había una vez un joven llamado Seongun, que era hijo de una acomodada familia noble. Un día que estaba estudiando hasta tarde, se quedó dormido y en sueños vio una muchacha celestial de extraordinaria belleza que descendía del cielo sobre una gran nube blanca. Quiso dirigirle la palabra, pero ella desapareció entre las nieblas y él no tuvo más remedio que despertar. Aunque todo había sido un sueño, Seongun se había quedado profundamente enamorado de la muchacha y no podía olvidarla. Su deseo de volverla a ver era tan fuerte que volvió a soñar con ella unos días después. En esta ocasión la muchacha le confesaba que ella también compartía su amor por él, pero que su padre, el señor de los cielos, le impedía bajar a la tierra y unirse a él. Seongun despertó de este sueño profundamente emocionado, pero no se contentó con saber que ella también lo quería. Deseaba tan intensamente tenerla a su lado que no hacía otra cosa que pensar en ella. como su esposa que cayó enfermo preso...

Siervo Wang Gul Chang Gul De – Wang Gul Chang Gul De

Había una vez un sirviente de una familia noble que se llamaba Wang Gul Chang Gul De, a quien todos llamaban Wangul para abreviar. Un día le ordenaron acompañar al señorito de la casa a Seúl, pues iba a rendir el examen nacional al que tenían derecho todos los nobles para convertirse en funcionarios del reino. El señorito iba a caballo y Wangul a pie tirando de las riendas. Después de mucho andar, el señorito sacó del morral una gran bola apretada de arroz y se dispuso a comer. Viendo que Wangul lo miraba con ojos hambrientos, le dijo: “Oye, los nobles no podemos aguantarnos el hambre, pero los sirvientes sí, así que espera a que lleguemos a Seúl.” Wangul no contestó nada, pero aprovechando que su amo se iba a hacer sus necesidades, se comió todo el arroz del morral y lo llenó con sus excrementos. Después de andar otro buen rato, al señorito le dio hambre y fue a sacar otra bola de arroz, pero se encontró con que estaba lleno de heces: “¿Qué ha pasado aquí?”, preguntó muy...