Domi era un hombre honesto, leal y trabajador que vivía en el reino de Baekje, hace más de 1400 años atrás. Todos lo consideraban muy afortunado, pues tenía una esposa cuya hermosura era famosa en toda la comarca. Pero esta mujer no era sólo bella, también era todo un ejemplo de discreción, decoro y castidad, virtudes que no suelen ir junto a la belleza extrema. El matrimonio tenía tanta fama en la región que hasta el rey Keru de Baekje supo de la existencia de esta pareja. Tantas cosas escuchó sobre ellos que el rey sintió curiosidad, especialmente acerca de la notable belleza de la esposa, y decidió enviar a uno de sus nobles para que la espiara de cerca. A su vuelta, el noble no ahorró palabras para alabar la belleza de la mujer y esto aumentó más la curiosidad del rey. Un día decidió llamar al propio Domi a su palacio para conocer más sobre ellos. Después de conversar un buen rato con él, le dijo: “Aunque tu mujer sea virtuosa en grado máximo, según dicen todos, estoy ...
"Las palabras no tienen alas pero pueden volar mil kilometros"