El viejo ciego Shim y su buena esposa Kwak eran personas muy pobres, pero de buen corazón. La mayor preocupación de la pareja era que no tenían hijos, por lo que siempre le rezaban a Buda para que les diera descendencia. Sus ruegos fueron escuchados y la pareja tuvo por fin una preciosa hija, a la que llamaron Cheong. Sin embargo, la felicidad no les duró mucho. La madre murió a la semana a raíz del parto. El ciego Shim no tuvo más remedio que vagar por todo el pueblo en busca de madres recientes que accedieran a amamantar a su hija. Así, con grandes privaciones y dificultades, el ciego Shim crió a la pequeña Cheong. Con el tiempo, la niña se convirtió en el mayor sostén de su padre. Un día, cuando Cheong cumplió 15 años, el ciego Shim se cayó en el río y un monje que pasaba por el lugar lo salvó de ahogarse. Éste le aseguró que si donaba 300 sacos de arroz al templo, Buda le curaría la cegara. Tentado por la idea, el ciego Shim le prometió al monje que haría la donación....
"Las palabras no tienen alas pero pueden volar mil kilometros"