En un pueblito perdido de las montañas de Gangwondo, nació un niño muy robusto en el seno de una familia muy pobre. El niño se llamaba Uturi y era muy especial, pues no sólo era grande y fuerte sino que al cabo de cien días ya andaba de pie y hablaba por los codos. Un día su madre volvió de trabajar del campo dispuesta a darle el pecho, pero no lo encontró por ninguna parte. Al revisar con más cuidado la habitación, lo vio encaramado a una repisa muy alta. Preguntándose cómo podría haberse subido hasta ahí, lo bajó al suelo tomándolo de las axilas. Ahí fue cuando notó que le habían nacido alas al niño. Más que sorpresa, la madre se sintió descorazonada. Las cualidades prodigiosas de su hijo eran indicio de que estaba destinado a convertirse en un héroe del pueblo, cuando menos en un rey. Sin embargo, esto no era para alegrarse, porque cuando corrieran los rumores sobre sus dotes especiales, vendría el gobernante de turno y masacraría al niño y a toda la familia para elimi...
"Las palabras no tienen alas pero pueden volar mil kilometros"