En los tiempos de la dinastía Shilla, entre los años 632 y 647, reinó una reina mujer. Su nombre de monarca era Seondeok y, además de sabia y generosa, poseía un rostro de gran belleza. Cuando la procesión que llevaba a la reina atravesaba las calles de Seorabal en alguna de sus salidas, todo el mundo salía de sus casas para aclamarla y poder contemplar de alguna manera su legendaria hermosura. Un día aconteció que un joven llamado Yigui, que visitaba por primera vez la capital del reino, tuvo la oportunidad de ver desde cerca a la reina Seondeok, que pasaba por la calle principal transportada en una silla de oro y escoltada por una magnífica procesión. Desde ese instante el joven se sintió atravesado por un profundo e irremediable amor por la reina. El sentimiento, incontrolable, fue creciendo y creciendo, y ante la conciencia de ser imposible e irrealizable, el joven se sumió en un estado de completa locura. Olvidado de volver a su pueblo de origen, vagaba por las calle...
"Las palabras no tienen alas pero pueden volar mil kilometros"